14. La apasionante década de los setenta

Los orígenes de la Hermandad hay que encontrarlos en los últimos años de la década de los sesenta. La familia Cabello, de La Palma del Condado, acogió con cariño a los primeros rocieros linenses, que fuera casi de casualidad y quedaron prendados de la romería.

Los primeros pasos para el arranque se dieron tras la romería de 1972. Fue al regreso de este año cuando decidieron poner en funcionamiento una peña rociera como paso previo a la creación de una Hermandad. En aquel momento, el número de poblaciones con representación corporativa en la romería no llegaba al medio centenar. Por supuesto, casi todas de lugares cercanos a la provincia de Huelva. Madrid y Barcelona eran en ese momento las únicas hermandades que no pertenecían a Andalucía Occidental. 


Para dar los primeros pasos fueron fundamentales los asesoramientos de rocieros de La Palma del Condado, anfitriones de los rocieros linenses en los años anteriores. 

Interior de la caseta rociera.


Este año, además, fue el primero en el que se montó la caseta de Feria, fundamental para ir afrontando los gastos de constitución de la futura hermandad. Varios miembros de la peña eran componentes de la comisión de Festejos del Ayuntamiento y eso contribuyó a que la caseta fuera un rotundo éxito. Sólo se pedían donativos para el montaje de la caseta y con el superávit se iba engrosando el fondo para los futuros desembolsos. 

El principal objetivo de la peña rociera era la confección del Simpecado. En aquella época era común que adoptaran motivos agrícolas porque la inmensa mayoría de los pueblos que acudían al Rocío eran de ese carácter pero los responsables de la peña tuvieron claro desde el principio que el de La Línea debía tener connotaciones marineras. De hecho, muy poco tiempo después ya existía un boceto realizado por el orfebre sevillano Fernando Marmolejo, que captó a la perfección la idea de los rocieros linenses. 

La todavía peña rociera avanzaba en 1974 con la presencia de apenas quince personas como iniciadores, a las que se fueron uniendo sus familiares y amigos cercanos. La intención era que una vez terminada la Feria con todo el montaje de la caseta empezaran las gestiones para formar la junta rectora pro-hermandad, con visita incluida al obispo para preparar la autorización. En aquellos primeros tiempos fue básica la rentabilidad de la caseta, ya que ello permitía encarar cualquier gestión con cierta solvencia. 

Además de la caseta de Feria, los primeros romeros linenses participaron de manera activa en la cabalgata de 1974 con una carreta adornada al estilo rociero acompañada por jóvenes vestidos a la usanza peregrina. Durante la semana de Feria fue elegida la reina de la caseta, nombramiento que recayó en Mari Prado Gómez Amado, que recibió la corona de su antecesora, María Sonia Ruiz, en un acto al que asistió la reina de la Feria, Isa Medina. Durante el acto, la reina de la caseta recibió un alfiler de oro entregado por el representante de la casa Domecq, Jesús Caraballo. La caseta de la peña rociera era punto de encuentro. De hecho, una de las noches se presentaron los componentes del grupo Los Marismeños, grandes amigos de la familia Villar. 

La discoteca Póker 2 fue escenario en la noche del 14 de agosto, víspera de la Asunción, de un desfile de modelos organizado para recaudar fondos destinados a la creación de la Hermandad. Fueron exhibidas prendas y creaciones de Greta Boutique, Perfumería Garón y Peluquería Lara. Tras el desfile hubo fiesta y baile. 

Con estas todas convocatorias, siempre con mucha afluencia, los primitivos rocieros linenses iban consiguiendo la financiación necesaria para ir afrontando las necesidades económicas. 

La todavía peña rociera asistió a la romería de 1975 con la ilusión de que pronto sería hermandad filial. El sábado del Rocío fue donada a la Virgen una canastilla de gladiolos con las banderas de España y de La Línea que fue colocada en el centro del altar mayor de la ermita por expreso detalle del presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, Francisco Martínez. En ese momento se cantó una salve a la Virgen del Rocío. 


Marismeños, en la caseta.


Fundación de la Hermandad

El 19 de julio de 1975, los veintinueve miembros de la Peña Rociera que habían iniciado sus encuentros tres años antes se reunieron en un salón del Real Club Náutico para fundar la Hermandad y nombrar de manera oficial hermano mayor a Emilio de Villar Martínez, a quien se le encargó la tarea de gestionar la redacción de los estatutos y su posterior aprobación por parte de la autoridad eclesiástica de la diócesis hasta desembocar en la admisión como hermandad filial. 

El documento fue firmado por Antonio Saameño, María de la Hoz Caravaca, María Sonia Ruiz, María del Carmen Trujillo, Antonio García Acosta, Vicente Vázquez, José Gallego, María Belizón, Juan Fernández, Amelia Pazo, Josefina Bonelo, María Antonia Bassadone, Félix Arocha, María del Carmen Muñoz, Emilio de Villar Martínez y María del Carmen Lavado. 

Tras la fundación de la Hermandad empezó a organizarse todo el entramado interno de la misma aunque La Línea había acudido informalmente al Rocío en los años anteriores. El 11 de noviembre de ese año le fue encargada a Fernando Marmolejo el Simpecado, que sería sufragado con los beneficios de la caseta de Feria.

El jueves 14 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, se celebró una misa en la parroquia de la Inmaculada oficiada por el padre Artacho, párroco de Guadiaro. Intervinieron la cantante Mercedes Cubero acompaña a la guitarra por Luis de San Roque y el grupo rociero Tronío, de la localidad sevillana de Pilas. Tras la misa hubo una cena de convivencia en el hotel Guadacorte con la participación de los mismos artistas. 

Ya en 1976, la todavía joven Hermandad convocó a los rocieros el 30 de abril a la proyección de un documental sobre la romería en el Teatro Cómico. La intención, aparte de ofrecer información acerca del Rocío, era ir generando ambiente para el engrandecimiento de la incipiente Hermandad. 




Llega el Simpecado

El flamante Simpecado llegó a La Línea el 22 de mayo de 1976. De visible estilo y diseño marinero, fue confeccionado con ocho kilos de plata repujada y no tiene parangón en la romería. 

A la romería de ese año se asistió como grupo agregado a la Hermandad de Triana, escogida como madrina. El sábado 5 de junio el Simpecado de La Línea se fue hasta el puente del Ajolí a esperar la llegada de Triana. El hermano mayor trianero, Manuel Madueño, le impuso al Simpecado linense la medalla de la Hermandad del viejo arrabal sevillano y las dos, junto a la también naciente Camas, entraron en el Rocío. Una grabación videográfica de la época dejó constancia del histórico momento. En la capilla de Triana, ya en la aldea y amarrado a la rueda izquierda de su carreta, fue instalado el Simpecado de La Línea. 

Unos cincuenta linenses se desplazaron aquel año al Rocío. Aún no estaban aprobados los estatutos de la Hermandad y se acudió como agregada a Triana, a la que entonces se le había solicitado que fuera la madrina. El Simpecado fue portado por el hermano mayor trianero, Manuel Madueño, y la comitiva en los actos contó con la presencia también de la Hermandad de Camas, que se encontraba en la misma situación que La Línea. De hecho, esta incipiente Hermandad sevillana prestó una gran ayuda a los linenses durante la romería. 

De vuelta en La Línea, ya pensando en la Feria, fue elegida reina de la caseta Angelines González. El 14 de agosto volvió a celebrarse la tradicional misa en honor de la Virgen con los cantes del grupo Voces Andaluzas. 

A la romería de 1977 se asistió de la misma forma que el año anterior, ya que la Hermandad no había sido aprobada canónicamente todavía. Los rocieros partieron el 27 de mayo hacia tierras marismeñas. Antes se celebró el triduo predicado por el padre Serafín Prieto Arenas. La última misa, el jueves 26, fue la misa de romeros y a su término se emprendió el camino en autobús hacia la aldea. 

Aquel Rocío, todavía en periodo de aprendizaje, resultó tranquilo. Quedaba por delante un año para ilusionarse con el estreno de La Línea como hermandad rociera y filial. 

Aprobación canónica

El 26 de noviembre de 1977 llegó el primer gran momento cuando se alcanzó la aprobación canónica de la Hermandad. Y Almonte recibió a La Línea como filial en escrito de fecha de 1 de febrero de 1978 y le dio el número cincuenta de antigüedad. 


Bendición del Simpecado en 1978.
El Simpecado fue bendecido por el padre Serafín Prieto Arena, capellán de la Hermandad, el 1 de mayo de 1978. La pequeña iglesia de Nuestra Señora del Carmen fue el escenario de tan inolvidable momento. El padrino fue Emilio de Villar Lima, hermano número uno de la Hermandad, y la madrina Dolores Cabello Salado, hija de aquella familia palmerina que con tanto cariño acogió desde finales de los años sesenta a los incipientes romeros linenses. Ello propició la asistencia de hermanos de La Palma del Condado. 

La ceremonia se desarrolló en el transcurso de la primera misa del triduo predicado por el padre Serafín. A su término fueron bendecidas las medallas, confeccionadas en el taller de orfebrería de Juan Borrero y Francisco López, en Triana. Los cantes corrieron a cargo del grupo rociero Los de la Barca, del barrio de La Atunara. Luego hubo una copa de vino en el restaurante La Marina. Este fue el primer triduo convocado por la Hermandad en toda su historia y se celebró en la parroquia del Carmen los días 1, 2 y 3 de mayo, curiosamente lunes, martes y miércoles. 

Romería de 1978.
Los rocieros linenses en 1978.


El 11 de mayo se celebró la misa de romeros y luego se inició el desplazamiento en autobús hacia El Rocío. El 13 de mayo, festividad de la Virgen de Fátima, hizo su primera peregrinación oficial amadrinada por la Hermandad de Triana. Como recuerdo, La Línea ofreció a Triana para su Simpecado una cruz similar a la que luce la Virgen, aunque de más reducido tamaño. Y ese día, un histórico 13 de mayo de 1978, se realizó la primera presentación de La Línea ante la Blanca Paloma y la Hermandad Matriz de Almonte a las puertas del santuario. En el instante del encuentro cantó la salve Mercedes Cubero, cuya magistral interpretación fue acogida con una cerrada ovación. A continuación, de regreso, al paso por la Hermandad de Triana le fue entregada la cruz de plata al hermano mayor, Manuel Madueño. El domingo 14 se asistió por vez primera a la misa de Pontifical en el Real, oficiada por el obispo de Huelva, Rafael González Moralejo, y concelebrada por los sacerdotes de las cincuenta hermandades filiales. Sobre el mediodía se llevó a cabo una ofrenda floral y la entrega de la medalla de La Línea a la Hermandad de Gines con motivo de sus bodas de oro. 


El Simpecado de La Línea.


Una de las anécdotas más importante de la vida de la Hermandad, contada por Emilio de Villar, se produjo a las diez de la mañana del Lunes de Pentecostés en la capilla de la Hermandad de Triana. La Virgen, a hombros de los almonteños, había pasado ya ante la casa de hermandad de San Juan del Puerto y se dirigía hacia Triana. Los hermanos mayores de Triana y La Línea charlaban un poco nerviosos ante la inquietud del momento. Se sugirió que al no estar todavía aprobada canónicamente la Hermandad de La Línea, su Simpecado debía permanecer en el interior de la capilla y no salir al paso de la Virgen. Sabedores del gran cariño que Triana había demostrado siempre a La Línea, y del buen saber y hacer de su hermano mayor, se aceptó la idea. En ese momento, varios almonteños sudorosos se acercaron y gritaron: “ese pedazo de Simpecado, para afuera, para afuera”. Se les intentó explicar el motivo por el que debía permanecer ese año en el dintel de la capilla levantado por sus hermanos. Los almonteños no admitieron las explicaciones que el hermano mayor de La Línea y otros hermanos les estaban dando. La Virgen ya se iba aproximando. Las trianeras, con sus mejores galas, llevaban brazadas de gladiolos color naranja para, contra viento y marea, ponerlos a los pies de la Blanca Paloma. Ellos, los trianeros, iban poco a poco acercándose más y más con su Simpecado, símbolo de su gran devoción rociera. Los linenses, apiñados junto a su Simpecado, estaban pendientes al mismo tiempo de la Virgen que se acercaba y de la inusual pero afectuosa discusión de sus hermanos con los de Almonte. En ese momento, uno de los almonteños dijo: “Bueno, no vamos a discutir más, si el Simpecado no puede ir a Ella, Ella vendrá hasta el Simpecado”. 


Primer pregón rociero

El primer pregón rociero fue el 27 de mayo de 1979 y corrió a cargo de Miguel Ángel Pichardo, de La Palma, que fue presentado por Emilio Villar Martínez. El acto se llevó a cabo en el colegio salesiano. El triduo se desarrolló los tres días siguientes a las nueve de la noche en la Inmaculada con la predicación del director del colegio salesiano, Miguel Moreno. 

La misa de romeros fue el jueves 31 de mayo a la una y media de la tarde oficiada por el padre Serafín, director espiritual de la Hermandad. Ese mismo día, a las nueve de la noche, salió el primer contingente de rocieros linenses hacia la aldea. A las tres de la tarde del sábado 2 de junio salió el segundo con el tiempo justo de llegar a la presentación. 

La Hermandad se estableció aquel Rocío en una casa situada en el número 20 de la calle Villamanrique, donde fue colocado el Simpecado.

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